| Es preciso reconocer que no se trata de enseñarles a ser ellos mismos – ese es un impulso que invariablemente les acompaña, a menos que se sientan amenazados – sino de potenciar una capacidad natural con la que ya nacieron – iniciar, responder, esperar a ser reconocidos e invitados - y que es lo único que les va a permitir contrarrestar la fuerza de los elementos condicionantes con los que siempre van a tener que tratar en la vida. En ese sentido, si hay que prestar atención a algo, no es tanto a su capacidad de auto-expresarse, sino a su capacidad de ir asimilando y adaptándose a las experiencias que recogen a través de los centros que están sin definir en el diseño de cada uno, que es donde han nacido vulnerables al entorno.
Cuando una criatura humana aprende a tomar decisiones por sí misma desde pequeñita, la mayoría de los conflictos personales que surgirán después en sus relaciones personales no encontrarán sostén en alguien que sabe reconocer responsablemente las consecuencias de sus propias decisiones.
Con una autoridad interna firmemente arraigada en el propio criterio natural que se deriva de crecer aplicando la Estrategia Vital del propio Tipo, los centros sin definir dejan de convertirse en agentes condicionantes que distorsionan el ser, y se convierten en una fuente de nutrición natural para el intercambio con el entorno (Cultura).
La vida es un proceso mucho más fácil y fluido cuando uno no tiene que gastar sus energías luchando contra uno mismo, ni contra las resistencias naturales que emergen en uno al verse obligado a funcionar con criterios que atentan contra los propios impulsos vitales.
Sin embargo, la ignorancia de las mecánicas nos ha llevado a suponer que el respeto por las figuras de autoridad es algo que hay que inculcar en esos ‘locos bajitos’, siguiendo modelos más arraigados en la tradición (manda siempre el más fuerte) que en el respeto y reconocimiento de la propia autoridad y criterio (manda aquel cuyo criterio demuestra mayor sentido común). De ese modo, no se puede dar ninguna interacción realmente pedagógica entre la autoridad natural del hijo y la de los padres, y la criatura aprenderá a tomar como referente moral para la convivencia lo que no son más que clichés sociales sin ningún arraigo en su propia autoridad natural, que nunca recibió una verdadera oportunidad de ser ejercitada.
No es de extrañar que Ra subraye cada vez que puede que los conocimientos del Diseño Humano son para los niños, ya que son los únicos que aplican su entendimiento natural sin necesidad de cuestionarlo, sin desconfianza hacia sí mismos. Si alguien duda de la autoridad interna y del criterio individual de los niños, no tiene más que hacerle alguna pregunta al niño Generador para oír la claridad y contundencia de su respuesta sacral, o imponer al niño Proyector algo que va contra su natura para conocer la intensidad de sus resistencias.
Sin embargo, una cosa es comprender las mecánicas básicas de tu diseño en un nivel intelectual, y otra muy distinta es llevarlas a la práctica contrarrestando el poder de los condicionantes con los que, como adulto, te has acostumbrado a vivir. El proceso es simple, pero no necesariamente fácil de cumplimentar.
Es imprescindible que los padres estén dispuestos a implicarse en la experimentación con sus propios diseños, ya que representan un factor determinante en las mecánicas de la interacción que van a establecer con sus hijos. Cuanto más familiarizados están los padres con la experiencia individual de vivir su propio diseño, más nutritiva y conscientemente se desarrolla el condicionamiento recíproco que toda interacción humana conlleva en el momento del encuentro entre dos auras únicas y diferenciadas.
Debido a la profunda creatividad con que la vida va diversificando la impronta de diferenciación individual que deja en cada nuevo individuo que nace, lo que son dones naturales de los hijos pueden ser percibidos como extraños o problemáticos en la medida que no concuerdan con ninguno de los clichés y generalizaciones que llevan acumulados en su mente racional.
‘Al principio fue la palabra...’, y luego la palabra se convirtió en cultura, y la cultura nos hizo tan sofisticados que cualquiera es capaz de imaginar un mundo mejor que este que tenemos, pero apenas tenemos ejemplos vivos de cómo disfrutar y vivir en paz con uno mismo siendo la naturaleza del mundo tal y como es. El No-Ser (Cultura) parece haberse apoderado de todo.
Como especie, hace ya muchos miles de años que Cultura nos ‘alejó’ (virtual-mentalmente) de Natura, pero individualmente todos podemos despertar del hipnótico ‘sueño de la razón’, devolviendo la autoridad interna, que gobierna nuestras decisiones, al lugar del que nunca debió de salir, a Natura.
A nadie le resulta tan natural y fácil seguir a Natura como a los niños, al mismo tiempo que permanecen abiertos a lo que otros les puedan enseñar (Cultura), con una inocencia y totalidad de la que ningún adulto vuelve a ser capaz. Nadie se puede beneficiar tanto ni tan directamente del Diseño Humano como los niños, que todavía no han sido condicionados.
No se trata de sobreproteger a los niños, privándoles del ejemplo instructivo que les permite ‘acondicionarse’ al entorno que van a tener que compartir con sus semejantes, sino que se trata de evitar el condicionamiento que atenta - la mayoría de las veces inconscientemente o guiado por las mejores intenciones - contra la naturaleza individual del niño. La ignorancia acerca de cuestiones tan básicas causa estragos en nuestros sistemas educativos.
En el gráfico individual del Diseño Humano podemos ver a Natura siempre representada en los centros definidos (coloreados), mientras que Cultura entra en nosotros a través de los centros que permanecen en blanco. Conocer el diseño de nuestros hijos nos permite ofrecerles la nutrición cultural y las oportunidades precisas que necesitan para su desarrollo individual. Una persona adolescente que se siente respetada en su forma innata de ser, sabe decidir cuáles son las cosas más adecuadas para ella en cuestiones tan básicas como la selección de sus estudios, su carrera profesional y la relación personal que desea mantener con la diversidad del mundo que hay a su alrededor. |